lunes, 4 de junio de 2007

5.- VIAJE AL INTERIOR DE EL ÁVILA


Capítulo 5
Juan estaba frente al precipicio más alto que había visto en toda su vida; Oc se había detenido al final de una vieja escalera de piedra.
Sus ojos se habían acostumbrado a la iluminación de la nariz de Oc, pero aquí quedó deslumbrado porque sobre todo el techo de la inmensa caverna que tenía enfrente, había unas hermosas flores moradas y de sus centros brotaba una luz blanca tan fuerte que toda la parte baja de la cueva se podía ver.
Oc vio tan maravillado a Juan que no habló y el niño se dedicó a mirar con atención todo lo que tenía arriba, al frente y bajo el final de la escalera.
Gruesas columnas de roca sostenían el techo, se podía ver tan lejos que a Juan le parecía que allí cabría toda la ciudad de Caracas. Desde las alturas, una cascada caía, retorciéndose como el chorro de agua de un lavaplatos gigante, y muy abajo lo recibía un lago donde se veían barcos navegando en la distancia. Un faro con una luz de guía estaba en una de las orillas.
Muchas de las columnas que sostenían el techo tenían excavadas ventanas y repisas. Cuando Juan bajó la mirada, mas sorprendido quedó; se veían bosques de hongos enormes y entre ellos caminaban gigantes color naranja como hormigas en un jardín.
Entonces Oc habló en voz baja para no interrumpir la concentración del niño:
–De noche se apagan las flores, encendemos antorchas y chimeneas en las habitaciones porque hace mucho frío. Allá al final del lago en la torre más gruesa está mi casa. Vivimos en el nivel mas alto. Nos gusta ver el paisaje y los barcos que vienen subiendo el río desde las cavernas profundas que quedan bajo el mar Caribe.
Desde la palma de la mano de Oc, Juan le preguntó:
-¿No es demasiado lejos? Tengo que regresar con mis padres.

2 comentarios:

Rita dijo...

¡Bien! Seguiré leyendo...

Joseín Moros dijo...

Gracias!
Seguiré escribiendo...