jueves, 18 de octubre de 2007

4 y 5.- LA VENTANA DEL PISO TRECE



Capítulo 4. Profundidad
Desde la puerta, los tres pequeños extraños hacían señas desesperadas; parecían estar advirtiendo de un peligro inminente. Desconcertados al oír ser llamados por sus nombres, Susana, Pablo y Tomás miraron los ojos del caballo alado, lo vieron calmado, sintieron confianza y decidieron correr hacia los recién llegados.
Siguieron a los tres minúsculos seres al interior de la pequeña pirámide; ellos, sin hablar, los ayudaron a toda prisa a sentarse en unos sillones individuales con gruesos cinturones de seguridad. La puerta se cerró con suavidad, y se sintieron descender como en una vertiginosa montaña rusa.
Los niños emitieron un grito ahogado y Susana los tomó de las manos. La joven pensaba, intentando comprender la situación:
-Estamos casi flotando sobre nuestras sillas, caemos a una velocidad increíble; ¿Nos esperaban? Sabían nuestros nombres. No son niños, son adultos muy pequeños.
Largo rato después, el exótico elevador frenó su caída de manera progresiva; casi de inmediato, al detenerse, aceleró en sentido horizontal. Los niños gritaron otra vez; varias veces más se detuvo, se desplazó como un tren y bajó en línea vertical; parecía estar siguiendo gigantescos escalones. Al final, para sorpresa de los tres hermanos, ascendió y se sintieron aplastados contra los asientos.
A pesar de los sustos del trayecto, Susana, Pablo y Tomás, observaban a los tres seres. Ellos habían permanecido cruzando miradas entre sí, calmados, como si estuvieran oyendo una agradable sinfonía. Sentados en minúsculas sillas, con anchos cinturones de seguridad, eran muy similares a pequeños maniquíes; lo flexible de las caras, el color rojizo de las pieles, el pelo, ojos, boca y otros detalles, demostraban lo contrario. Sus curiosas ropas, eran parecidas a uniformes: trajes verdes de una sola pieza; uno de ellos, de sexo femenino, tenía largo pelo y pequeños zarcillos rojos.
La diminuta joven los miró y sonrió:
-Disculpen, estábamos muy concentrados, no hablamos con ustedes. Tengan paciencia, pronto llegaremos a nuestro destino.
La voz había sonado calmada, como la de una niña algo mayor.
Segundos después se detuvieron y se abrió la puerta. Los tres niños quedaron confundidos ante la vista exterior; era un sorprendente espectáculo: no había paisaje. Parecía ser de día y una tormenta de nieve apenas permitía algo de visibilidad.
Los cinturones de seguridad se soltaron de manera automática; Susana y sus dos hermanos miraban hacia fuera, luego entre sí.
Los tres pequeños uniformados hablaron casi al mismo tiempo:
-Disculpen, les debimos avisar. Todo ha venido ocurriendo demasiado rápido y no estamos acostumbrados a tanto ajetreo. Por favor, sigan nuestras instrucciones, pronto tendrán todas las explicaciones.
Se abrió una pequeña puerta corrediza; dentro de un cubículo, muchas capas y abrigos de variados tamaños relucían. Una capa de color rojo, para Susana, y dos de color naranja para Pablo y Tomás, les quedaron perfectas. Los menudos seres, vistieron capas de la misma combinación; roja para la dama y naranja para los dos pequeños caballeros.
Uno de los hombrecitos dijo:
–Estas capas con capuchas, más estas botas sobre los zapatos, los protegerán. Confíen en nosotros, estamos llegando; estaremos seguros.
La dama continuó:
-Iremos en trineo.
Salieron al exterior, una fuerte nevada los arropó. Mientras caminaban por un sendero de piedra, abierto entre la nieve, los tres niños miraban asombrados a su alrededor. El cielo estaba cubierto de niebla tormentosa y nada conocido podían distinguir. Las ropas se calentaron; con la tibieza, los niños sintieron disminuir el miedo.
A pocos pasos abordaron un trineo; cerrado y con ventanas transparentes, el vehículo era arrastrado por un animal, parecido a un camello muy peludo con anchas patas; nubes de vapor salían por sus orificios nasales. El amarillento cuadrúpedo arrastraba a gran velocidad el trineo con sus seis ocupantes; corriendo se veía feliz.
Durante largo rato rodearon altas dunas de nieve, nadie habló en el trayecto; los niños iban tomados de la mano, mirando por las ventanas desde los pequeños asientos; descendieron una colina y se detuvieron frente a una gran estructura. La parte superior del edificio, quedaba oculta por los remolinos de la tormenta. Parecía una catedral de rojizo vidrio; el trineo penetró en la nave principal, se detuvo frente a la entrada de otra galería más pequeña y todos los ocupantes bajaron.
Al salir del vehículo, los tres niños sintieron una temperatura agradable en el aire. Se retiraron las capuchas para ver mejor y después de un corto trayecto, llegaron a una magnífica sala lateral con mesas y sillas. El techo estaba a una altura descomunal, a pesar de ser bajo comparado con las galerías recorridas antes.
Susana seguía observando:
-El edificio debe tener más de cincuenta pisos de altura, y esta sala tiene un techo a más de diez metros por encima de nuestras cabezas. ¿Quiénes construirían esto?
Luego de quitarse las indumentarias de protección, los seis se sentaron alrededor de una mesa, baja y lustrosa como porcelana. Había sillas de variados tamaños, preparadas para cada uno de ellos y sobre la mesa, platos de humeante sopa.
Desde lejos, al pasar, mucha gente pequeña los miraba. Se veían ocupados dirigiéndose a lejanos sitios, les sonreían con familiaridad, desconcertando aún más a los niños; algunos les agitaban las manos a manera de saludo, ellos sonreían y saludaban imitando el gesto, con poca emoción. Todos tenían el uniforme verde brillante; las damas lucían pelo largo y zarcillos de diferentes colores.
Casi en coro, los pequeños seres sentados a la mesa, dijeron:
-Tienen muchas horas sin comer ni beber, deben recuperar fuerzas y entonces los pondremos al tanto de todo.
Con la sopa, el pan y la bebida caliente, los niños se sintieron renacer; el sabor de la comida era más agradable, si lo comparaban con los similares de su casa. Al finalizar, quedaron descansados y muy despiertos, hasta el miedo a lo desconocido se atenuó.
Tomás el menor, preguntó:
-¿Quiénes son ustedes? ¿Quién nos persigue?
Los tres diminutos uniformados se miraron entre sí y por silencioso acuerdo, habló la dama:
-Me llamo Rema y mis compañeros son Mepe y Tepe, somos los gobernadores de las tres mayores ciudades dentro de nuestra comunidad. Este es en un mundo mágico, desde el suyo se puede venir al nuestro por la ventana de un piso trece, cuando lo facilitamos.
Rema guardó silencio y Mepe continuó:
-Estamos en las afueras de una de las ciudades, la más grande y la más alejada de la superficie. El clima lo elegimos así, las otras urbes están a niveles diferentes, más arriba.
Tepe tomó la palabra:
-En nombre de todos nuestros pueblos, queremos darle las gracias por venir hasta aquí. Hicimos la conexión mágica con su piso trece el día trece, de acuerdo a las más antiguas tradiciones de nuestra magia. Ustedes podrían haberse negado no saliendo por la ventana; nos alegramos mucho por su decisión.
Los tres jovencitos oyeron con mucha atención, no se atrevieron a distraer a los interlocutores, deseaban saber mucho más.
Rema, realizando con el dedo una figura romboidal imaginaria sobre la mesa, explicó:
-Estamos dentro de una estructura en forma de diamante, dos pirámides gigantes unidas base con base; bajo esta construcción, existe la única mina de arcilla mágica de este mundo. El caballo gigante está hecho de ese material, lo llamamos Magiterra; con ella construimos casi todo a nuestro alrededor, incluyendo éstas pirámides.
-Desde hace muchos siglos, los brujos de los volcanes, Los Asoragnes, han querido apoderarse de la mina; nunca han podido entrar en la pirámide; aunque hemos tenido muchos ataques, siempre fracasaron.
Siguió Mepe:
-Tiempo atrás, los brujos de los volcanes crearon nuevas armas; nuestra magia nos avisó, aún no conocemos cómo es la nueva amenaza. Si logran entrar las hordas invasoras, destruirán las ciudades, nos esclavizarán y se apoderaran de la mina de arcilla mágica.
Tepe agregó:
-Esta vez sí están preparados para romper las paredes de nuestra pirámide, lo suponemos. Niños, nosotros no somos guerreros, somos artistas, arquitectos, sólo creamos cosas bellas. No se nos ocurre ningún arma; no sabemos, ni queremos, construir soldados o feroces bestias.
Rema tomó la palabra:
-Tomás, Pablo, Susana, tienen ustedes unas mentes privilegiadas; a pesar de ser tan jóvenes se han dedicado a sus estudios con fuerza y disciplina. Ustedes, según las predicciones de nuestra magia, nos darán la clave para derrotar a los enemigos de la armonía y la vida.

Capítulo 5. Mensajes
Un largo silencio se apoderó del comedor, los niños estaban cada vez más confusos. Sintieron como una pesadilla todo lo ocurrido, desde el momento cuando el edificio y la ciudad donde vivían desaparecieron, y se encontraron sobre una alta torre de piedra, frente a un caballo gigante.
Pablo habló con voz muy baja:
-Nosotros queremos regresar a nuestro apartamento, tampoco sabemos nada de guerras y armas. Somos estudiantes, yo deseo ser médico, Tomás quiere ser abogado y Susana ingeniero. Nuestras herramientas son estudiar y estudiar, para lograr nuestro objetivo y el de nuestros padres.
Susana puso una mano en el hombro de Pablo y abrazó a Tomás. Los tres se sentían indefensos. La muchacha agregó:
-Como dice mi hermano Pablo, no podemos hacer nada. No tenemos experiencia con la violencia, y escogimos estudiar carreras constructivas. Nuestra familia debe estar muy preocupada.
Rema se acercó, desde la misma estatura de Tomás, puso sus dos pequeñas manos sobre el brazo de Susana, y dijo:
-Esa es parte de la clave: estudiar y estudiar la situación; algo se les ocurrirá. No les pedimos otra cosa, no piensen en destruir, piensen cómo construir una solución. Ustedes nos salvarán y a su mundo también, lo dijo nuestra magia.
Rema hizo una pausa y continuó:
Las hordas enemigas están muy cerca. Este es un mundo mágico, el tiempo aquí corre en un sentido perpendicular al suyo, no en paralelo. Es como la sombra de una vara muy alta, cuando el sol está al mediodía: la vara es muy larga, la sombra muy corta. El tiempo de aquí es la vara y el tiempo en su mundo es la sombra.
-Si una hormiga sube varios metros por la vara, su sombra apenas se habrá movido unos milímetros en el suelo, sobre la sombra de la vara. Mientras aquí pueden pasar muchos días, en su mundo apenas pasan algunos minutos. Para este momento, ha transcurrido un día desde cuando llegaron a la torre, en su apartamento apenas han transcurrido unos treinta segundos.
Rema suspiró, apretó con sus pequeñas manos el brazo de Susana y continuó:
-Si los Asoragnes logran su objetivo de poseer la arcilla mágica, será el caos de nuestros mundos. Construirán bestias voladoras y se apoderarán de La Torre de la Conexión Mágica, donde nuestro caballo los recogió. En el mismo momento, penetrarán por todos los pisos trece de su mundo. Ustedes no tienen ni armas, ni magia adecuada para superarlos. Serán dominados y esclavizados, al igual nosotros.
Entró una mensajera y habló de manera pausada:
-Tal como ordenaste, los mensajes te son entregados de manera verbal. Este es el mensaje: llegaron los invasores a la base de la pirámide exterior, están perforando la pared, a nivel de la superficie del desierto; todavía no sabemos como lo hacen, es la nueva arma. Dentro de sus túneles, comenzamos a producir derrumbes de rocas.
La mensajera se despidió y corrió, salió por una puerta aparecida antes de tocar la pared con su cuerpo.
Rema agregó:
-Pedí me entregaran los mensajes hablando y en su idioma; nada les ocultaremos
Viendo las asustadas caras, sonriendo dijo:
-Aquí estamos seguros, por ahora. No se preocupen por el tiempo en su mundo; de aquí a mañana, apenas será más de un minuto. Ahora deben dormir y descansar. Necesitamos sus mentes muy claras para el amanecer, cuando les daremos mucha más información. Les gustarán sus habitaciones.
Fueron trasladados a sus residencias, en el mismo nivel del edificio. Cómodas duchas, cepillos dentales, servicio de lavado y planchado, pijamas, amplias camas. Nada faltó, todo estuvo previsto; un hotel de cinco estrellas en un mundo mágico.
Desde sus respectivas camas, los somnolientos niños continuaron el diálogo.
Pablo dijo:
-Son personas extrañas, al final terminé por creerles. ¿Qué crees de esto Susana?
La joven pensó un momento y luego, despacio, contestó:
-Siento confianza en ellos. Pero no veo sí podemos hacer algo, no se me ocurre nada. Esto es una guerra y nunca leí sobre ese tema. Esperan demasiado de nosotros.
Casi dormido, el pequeño Tomás habló:
-Susana, mañana se te ocurrirá algo, siempre te pasa igual con tus tareas de la escuela.
Pablo cerró los ojos y Susana, antes de abandonarse al sueño, dijo:
-Tomás confía por completo en mi capacidad, quisiera sentir lo mismo.

2 comentarios:

Rita dijo...

¡Tienes un tercer blog!
Felicidades!!!

Joseín Moros dijo...

Gracias Rita!
Estoy preparando el material para ese blog. Tardará un poquito.
Por cierto Rita, ¿no te parece muy largo este post? Puse dos capítulos. Me gustaría saber tu opinión.
Un abrazo!!