lunes 12 de noviembre de 2007

7.- LA VENTANA DEL PISO TRECE


Capítulo 7. Retardo
Algo nuevo, imposible de comprender, estaba ocurriendo.
Durante largas horas, Pablo y Susana siguieron el avance de las líneas rojas; parecían hormigas atacando, progresaban transformando en roja la línea verde, la ruta vertical del ascensor pirámide y trazaban caminos dispersos como telarañas.
Los niños no podían imaginar el aspecto de las hordas invasoras, atemorizados, miraban los rápido movimiento sobre la arena. Por alguna razón, incomprensible para Susana y sus compañeros, esto cambió: en las últimas horas la velocidad se había reducido de manera progresiva, hasta casi detenerse.
Los tres gobernadores de las ciudades aventuraron varias ideas: las hordas se entretenían en el saqueo, dijo uno; el trabajo de retirar roca a través de mayores distancias dificulta el avance, dijo otro; y por último, creían los tres pequeños seres, los masivos derrumbes, ordenados por Rema, Tepe y Mepe, más un mayor endurecimiento de la roca, estaban dificultando el ataque.
Sobre ellos, en la estructura de roca, los escorpiones seguían acercándose, muy despacio, sin detenerse por completo.