viernes, 15 de octubre de 2010

ULSEN TIENE HAMBRE



Los dos niños estaban en la terraza, sus padres los habían visto jugando con la nueva mascota y continuaron sus tareas en la cocina.
—No había visto esa clase de lagartija, tiene alas. Debe haberla traído alguien desde otro país y con seguridad escapó —dijo el padre.
—Yo tampoco, no me gusta verla mucho, me mira como si entendiera lo que digo —agregó la mamá.
Afuera, a la débil luz del sol, los niños hablaban en voz baja.
—Cuídate Ulsen. No hables con extraños —dijo Alex.
—No comas mucho Ulsen, si engordas no podrás volar bien —murmuró Chris muy cerca de las orejas del pequeño dragón —, ¿tienes mucha hambre? ¿Cuándo regresas?
—La comida de dragones está lejos —contestó Ulsen —, no se preocupen, aunque nunca estuve por allí tengo un mapa en mi mente. Regreso pronto, guarden mi caja de plástico, me está gustando hacer la siesta allí —y lanzó una carcajada que a los padres de los niños les pareció el graznido de una gaviota pequeña.
Aleteando con torpeza Ulsen saltó al aire y se perdió en lo alto. Alex y Chris agitaron sus manos para despedirlo.
El padre oyó el aleteo y se asomó por una ventana.
— ¿Se escapó?
—No papá, se fue a comer —contestaron en coro los niños.
Sonriendo entró para contárselo a su esposa.
Varias horas después Ulsen volaba sobre un fiordo, el viento frío lo lanzaba de un lado a otro, todavía el pequeño dragón no dominaba la técnica de vuelo.
—Hay una corriente descendente, es muy fuerte. ¡Voy a caer!