viernes, 16 de julio de 2010

¿DE DONDE SALIO PAUL EL PULPO ADIVINO?



Hace mucho tiempo un adivino, de nombre Paul, vivía en su castillo a la orilla del mar. Los reyes, de dos territorios enemigos, lo consultaron para saber quién sería vencedor en la guerra entre ellos. Paul lo dijo y la profecía se cumplió. Entonces el mal perdedor, ayudado con los brujos de su reino, lanzó un hechizo contra Paul y lo condenó a vivir aislado de la gente.
Pasaron los años y Paul estaba a punto de morir de tristeza, una mañana salió al balcón de la torre más alta de su castillo y gritó.
— ¿Alguien puede ayudarme?
Apareció una mujer muy bella, con alas transparentes como papel de seda, y se posó muy cerca de él.
— ¿Qué te ocurre Paul? —preguntó ella.
— Ahora nadie quiere oír mis augurios y sólo miran mi aspecto, antes no les importaba. Mírame, soy calvo, tengo ojos enormes, muevo mis brazos y piernas como si estuviera nadando y me gusta estar en el mar —el brujo hablaba a punto de llorar.
— ¿Podrías cambiar con tu magia?
—No, sólo puedo adivinar el futuro de los demás —gimió con tristeza.
—Te enviaré a un sitio donde el mundo entero estará atento a tus predicciones y podrás hacer lo que te gusta. Nadie tendrá miedo de ti, todo lo contrario, te amarán con respeto y consideración.
La bonita hechicera movió su varita mágica y Paul viajó al futuro, apareció en un acuario y la gente lo consultaba sobre un campeonato de futbol. Aunque no podía hablar todos lo miraban con amor, y se olvidaron de su aspecto, sólo atentos a su forma de expresar las predicciones.
Cuando terminó el campeonato de futbol la gente siguió visitándolo y Paul, desde el fondo del acuario, sentía su admiración y respeto.

martes, 22 de diciembre de 2009

domingo, 25 de octubre de 2009

9.- Visitando islas voladoras


Atravesaron un portentoso cañón, profundo y lleno de árboles titánicos. Había estatuas de piedra tan grandes como edificios y representaban figuras de animales fabulosos.
— ¿Quién hizo esas cosas?— preguntó Alexander.
—Gente que ya no vive aquí, se mudaron a otras islas voladoras y siguen construyendo grandes monumentos.
— ¿Para qué?
—Ni ellos mismos lo saben— dijo bajando la voz el alce.
—¡Debe ser divertido!, como jugar en la playa.
—Sí Alexander, hasta esas figuras tan grandes algún día desaparecerán, como lo hacen las olas con los castillos de arena.

Estimados amigos, por favor lean esta noticia:
Joseín Moros, finalista en Andrómeda 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

8.- LLEGAMOS

Un punto distante en el espacio se fue haciendo cada vez más grande. Era una isla voladora enorme, el horizonte de la superficie parecía perderse en la distancia. Tenía formidables montañas y lagos tranquilos, cascadas de ensueño, ríos extraordinarios y hasta un desierto tenebroso.
—Estamos llegando Alexander—dijo Guía el alce—, ahora viajaremos cerca de la superficie para mostrarte algunos paisajes.

viernes, 28 de agosto de 2009

7.- Capitán del Kraftig





Llegaron al barco dorado, Guía fue mostrando al niño los detalles del navío mágico el Kraftig.

jueves, 13 de agosto de 2009

6.- ¿Era feliz?

Mientras volaban hasta el navío, el alce contó la historia del barco dorado, el Kraftig.
“Este barco de madera y clavos, recorrió océanos de la tierra con paciencia y decisión. Vivió pocos años, pero con toda la fuerza de su pasión por la vida. Fue golpeado por tormentas, y logró superar esas desventuras. En su último viaje, llegó destrozado, dejó sus tripulantes a salvo en la costa de un nuevo mundo y se hundió entre los arrecifes ocultos bajo las olas. Por su valiente forma de encarar la vida, ganó el premio de recorrer el Multiverso por siempre”
— ¿Entonces ahora es feliz?—preguntó el niño.
—Ya era feliz Alexander, algunos pensaban que no al verlo luchar con tanta decisión, él batalló para cumplir con sus tareas y logró completar muchas, otras no. Ahora sigue siendo feliz.

miércoles, 5 de agosto de 2009

5.- El barco dorado


Después de haber ascendido durante largo rato, vieron algo. Cuando estuvieron cerca, el alce Guía señaló con su dedo el enorme objeto.
— ¡Un barco!—se adelantó a gritar el pequeño Alexander.
—Sí, es un barco, y vamos hacia él, su nombre es Kraftig—dijo el alce.
— ¿Kraftig?, no tiene velas—observó el niño, quien había visto muchos navíos en su corta vida.
—No las necesita, es mágico, lo gobernaremos con nuestro pensamiento y nos llevará mucho más rápido hasta otra parte que también te gustará.